Mara Rahab Bautista nos invita a imaginar otra Copa del Mundo: una donde la cancha es una biblioteca y la alineación la encabezan Sor Juana, Rosario Castellanos y Elena Garro.

El mundial de futbol es un fenómeno por muchas cosas, alcanza hasta a quienes no somos seguidoras de este deporte. Este mundial tiene un toque especial, por tercera vez se jugará en México, y el Estadio Azteca (que ya cambió de nombre) se convertirá en el único recinto del mundo en albergar tres Copas del Mundo. Y, como ya dijimos, hasta para quienes no somos fan del futbol llegan los recuerdos del México 86 que sin conciencia guardamos en la memoria, ahora con ojos críticos y gafas moradas podemos decir: qué misoginia esa la de la chiquitibum, qué horror y esperamos no se repita nunca esa hipersexualización de la mujer en un mundo tan machista.

Este mundial que se inaugura hoy, este jueves que se publica la colaboración, se celebra en un país urgido de seguridad, de justicia, de respeto a los recursos naturales, de empleo, por mencionar solo algunos de nuestros graves problemas sociales.

En medio de todo esto, y de estos gastos desmedidos que rodean y mantienen este torneo, queremos invitar a imaginar otro tipo de mundial: uno lector de escritoras mexicanas, porque hay algo que coincide entre el futbol y la literatura, algo profundamente poderoso: nos reúne alrededor de un relato.

Proponemos otro campeonato. Uno donde no haya eliminaciones injustas, donde nadie se quede en la banca por falta de oportunidades y donde la victoria sea descubrir nuevas voces.

Proponemos un Mundial lector de escritoras mexicanas.

La idea nace desde ese lugar donde los libros siguen siendo una forma de resistencia, de encuentro y de imaginación y qué mejor temporada para hacerlo que esta, cuando tantas miradas están puestas en un Mundial. Hagamos que la cancha también sea una biblioteca, una librería.

Nuestra selección literaria mexicana tendría una alineación histórica, te la compartimos:

En la portería estaría Sor Juana Inés de la Cruz, una mujer que desde el siglo XVII defendió la inteligencia femenina y escribió una obra monumental. Sus Redondillas y su famosa Respuesta a Sor Filotea de la Cruz siguen siendo una declaración de independencia intelectual: una mujer reclamando su derecho a pensar, estudiar y escribir. Estamos seguras de que no permitiría ningún gol del equipo contrario.

En la defensa estaría Rosario Castellanos, autora de novelas como Balún Canán y Oficio de tinieblas, quien convirtió la literatura en una mirada crítica sobre las desigualdades sociales, la identidad y la condición de las mujeres en México. ¡Qué mejor defensa!

Como mediocampista tendríamos a Elena Garro, con Los recuerdos del provenir, esa extraordinaria novela donde la memoria, el tiempo y la historia se mezclan para mostrarnos que los pueblos también guardan secretos y heridas.

La delantera sería una combinación de voces imposibles de detener, ahí estarían los cuentos de Amparo Dávila, maestra de lo inquietante. Sus relatos reunidos en libros como Tiempo destrozado (su primer libro de cuentos)nos recuerdan que el miedo también puede escribirse con elegancia.

Tendríamos a Inés Arredondo, autora de La señal, con una narrativa intensa sobre los deseos, las heridas y las contradicciones humanas.

La poesía tendría un equipo completo: Pita Amor con su voz desbordada y personal; Enriqueta Ochoa, con una poesía marcada por la introspección; y Dolores Castro, cuya obra atravesó décadas de la literatura mexicana con una mirada profunda y sensible.

No podría faltar Cristina Rivera Garza, autora de Nadie me verá llorar y El invencible verano de Liliana, una escritora que ha expandido los límites de la novela y que ha colocado temas como la violencia de género y la memoria en el centro de la conversación literaria. También se convocaría a Silvia Molina, autora de La mañana debe seguir gris.

Nuestra banca sería interminable: Valeria Luiselli con Los ingrávidos, Desierto sonoro y su más reciente novela Principio, medio, fin; Verónica Gerber Bicecci con Conjunto vacío; Daniela Tarazona con El animal sobre la piedra; y tantas autoras que continúan escribiendo y transformando la literatura mexicana.

Este mundial no tendría una sola campeona, porque la literatura a diferencia del futbol no funciona como una tabla de posiciones. Un libro no gana porque otro pierde y cada autora abre una posibilidad distinta.

Desde Traspatio soñamos con ver estanterías llenas de lectoras y lectores buscando estas voces. Imaginando clubes de lectura como estadios, conversaciones como partidos intensos y libros viajando de mano en mano como balones imposibles de detener.

Que haya mundial, sí.

Pero que también haya lectura.

Que ruede la pelota.

Y, sobre todo, que ruede la palabra.

Mara Rahab Bautista

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