Mirador Ambiental
“¡Sí supites que aquellos le tiraron balazos a Javier, güey! ¡Es que tu no te reportas nada, onde hijos de la chingada andas, güey! Me están diciendo que están en los gallos y ahora me estás diciendo que estás en Villa, güey. No pues hijo, pues es que tienen que avisar. Pónganse pues vergas. No pues, hijo, es que tienen que avisar. ¿Quién es el que está cuidando ahí…?”.
Esta es una de las conversaciones que sostuvo el jefe de plaza de Cuatro Letras con uno de los sicarios que debía participar en el ataque armado ordenado contra el ambientalista Javier Gómez la noche del 6 de noviembre de 2025. El teléfono del que se extrajo contiene abundante información (audios, videos y textos) de las operaciones del grupo delincuencial en el municipio de Madero y en el que aparecen testimonios sobre la participación del gobierno municipal y otros actores locales en la trama criminal.
Esa noche entre las 10 y las 12 la casa de Javier fue atacada en tres ocasiones. La primera usando un coche de color oscuro, dos personas se acercaron al sitio y dispararon sus pistolas sobre las paredes y una camioneta. En la segunda, minutos más tarde, participaron más de 12 sicarios con rifles de asalto quienes trataron de ingresar a la casa para asesinar a quienes ahí se encontraban.
El alcohol y la droga que los pistoleros se habían metido antes del asalto los llevó a cometer errores garrafales que hicieron fracasar el propósito y, sin quererlo, salvar la vida de quienes estaban en la casa.
Al final del primer asalto llegaron a la casa vecinos y ambientalistas para auxiliar a la familia de Javier. Acababan de salir de ella cuando se efectuó el segundo ataque. Algunos se perdieron entre el breñal y el monte y salieron hasta la madrugada cuando se percataron de que el peligro había pasado. Si se hubieran tardado en salir un par de minutos, la masacre habría alcanzado a más de 10 personas.
El tercer ataque ocurrió casi a las 11 de la noche y se hizo desde vehículos en marcha disparando ráfagas al muro de piedra que circunda la casa. A quien primero se pidió auxilio fue al presidente municipal para que la policía interviniera y se resguardara la vida de quienes estaban siendo atacados. La respuesta del munícipe fue desalentadora pero reveladora: “es que a mí no me hace caso el director de policía”. Por esta grave omisión gubernamental no ha habido hasta ahora ninguna consecuencia. Más bien el munícipe se ha empeñado en denostar y criminalizar a las víctimas.
La casa atacada está a tan solo 6 minutos del centro operativo de la policía municipal, sin embargo, llegaron al lugar hasta las 2:30 de la madrugada y no siguieron el protocolo para salvaguardar el lugar y los objetos encontrados: una camioneta, chalecos antibalas, bombas caseras, cartuchos para rifles de asalto y teléfonos celulares. En el lugar nunca se hizo un peritaje. A este cobarde asalto le siguió una campaña de calumnias en redes sociales por parte de Cuatro Letras acusando a los ambientalistas de los crímenes que la delincuencia realiza. Usaron la estrategia archiconocida y cínica: acusar de crímenes horrendos a las víctimas para justificar su aniquilación.
Y así prepararon el terreno para asesinar a mansalva a Roberto Chávez Bedolla el 12 de abril.
Hasta la fecha los responsables intelectuales y materiales se encuentran en libertad y hacen vida pública en la cabecera municipal y sus tenencias, siguen extorsionando a la inmensa mayoría de los comercios y continúan “limpiando” el municipio de personas que les incomodan. Ese fue el caso de Alexis Iván desaparecido el 13 de septiembre.
El ataque del 6 de noviembre, el asesinato de Roberto Chávez, las campañas de difamación e intimidación contra los defensores ambientales provienen del interés del crimen organizado para proteger la tala ilegal, el cambio de uso de suelo, la construcción de hoyas ilegales para el robo de aguas y la expansión ilegal del cultivo aguacatero. La protección pagada al CO para amparar estos delitos ha desatado en Madero desde 2017 una secuela de amenazas que han ido de menos a más. Al hacerlo cumplen con su misión, sembrar el miedo en la ciudadanía, evitar las denuncias, permitir la tala ilegal y la realización de los delitos ambientales que generan jugosas ganancias a quienes los patrocinan.
La vigencia de este estado de inseguridad y riesgo no ha disminuido. El pasado jueves 5 de noviembre Cuatro Letras ató a una persona en estado de ebriedad a un poste y arriba de él colocó una cartulina con amenazas contra los ambientalistas: “Esto le va a pasar a todos los chapulines, para que miren CJNG no mata ni desaparece gente inocente”.
El texto es una confesión: es decir, sí matan y sí desparecen gente, pero solo a los que juzgan como “culpables”. Se asumen como jueces para decidir quién vive o quién muere en Madero.
A un año de estos ataques quedan claras las siguientes realidades:
- El control territorial y político de Madero lo siguen teniendo los criminales a través de dos grupos, Cuatro Letras en el centro y los Sierra en el oriente.
- Los grupos criminales continúan gozando de impunidad a pesar de la actuación gubernamental.
- El gobierno municipal está rebasado y existen indicios de que el crimen influye en el manejo político, incluida la sucesión.
- Las acciones gubernamentales, hasta ahora, han sido insuficientes.
- El Plan Michoacán por la paz y la justicia no ha logrado garantizar la seguridad de los maderenses.
- 1. Los defensores del derecho ambiental y de la libertad de expresión siguen estando en la mira del crimen y podrían sufrir nuevos ataques.
Esa noche mientras los perseguidos por Cuatro Letras se escondían en el montecillo del Sangarro Guillermo Saucedo se sintió obligado a hablar de su destino: “si amanece y seguimos con vida es porque en verdad alguien allá arriba nos tiene mucha consideración”. Y sí, hasta ahora han seguido con vida, con la dolorosa excepción de Roberto Chávez Bedolla que fue asesinado por integrantes de la misma célula que el 6 de noviembre pretendió masacrarlos.
A un año de aquella pesadilla sigue vivo el reclamo de justicia. El lugar de los criminales está en las cárceles. no en las calles junto a las familias, como sigue ocurriendo. Los políticos que los protegen también deben ser llevados ante la ley. Todos en Madero quieren un municipio seguro.
*El autor es analista político, experto en temas de Medio Ambiente, e integrante del Consejo Estatal de Ecología.