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La lucha silenciosa de Verónica y su hija: vivir con epidermólisis bullosa

FUENTE: Cb Televisión / Morelia / Mauricio Castro




Verónica Sotero Victoria llegó hace cinco meses a Morelia desde Susupuato con su familia, buscando un mejor futuro. En su lugar de origen, ella y su esposo se dedicaban a vender raspados y frituras, pero la venta era escasa y casi no había trabajo. “Mejor decidimos venirnos para acá, a buscar cómo salir adelante”

Sin embargo, la mudanza no resolvió todos los problemas. Los gastos de renta, agua, alimentos y medicinas son altos, y mantener a su hija requiere un esfuerzo constante. Y es que su hija nació con epidermólisis bullosa, una enfermedad rara que hace que su piel sea extremadamente frágil. Desde pequeña, los médicos le dieron solo unos meses de vida. Hoy, con 18 años, sigue viva gracias al cuidado incansable de su madre y de su hermana mayor.

“Desde que nació, mi hija necesita pomadas, cremas y vendas todos los días. Si no las tiene, se lastima y su ropa se le pega a la piel. Todo se hace con mucho cuidado: bañarla, vestirla, cambiarle las vendas… cada paso requiere atención constante.”

El cuidado de su hija es una labor diaria que no permite descansos. Cada venda solo puede usarse una vez, las cremas y pomadas son caras y difíciles de conseguir, y cualquier descuido puede lastimarla. Por eso, Verónica y su familia buscan apoyo donde pueden. Ella y su esposo venden raspados y frituras, mientras la hija mayor se encarga de cuidar a la joven con epidermólisis bullosa.
La enfermedad también ha limitado la vida social y educativa de su hija. Tuvo que dejar la escuela por el acoso de otros niños que no entendían su condición. Su aprendizaje se ha limitado a lo que su familia le ha enseñado en casa, pero Verónica asegura que eso no ha disminuido su fuerza ni su esperanza.

“Ha sido un camino difícil, pero seguimos adelante. Mi hija es fuerte, y nosotros hacemos todo lo posible para que tenga la mejor vida posible. No es fácil, pero cada día luchamos por ella.”

A pesar de los desafíos, la familia mantiene la esperanza. Cada peso que ganan con la venta de raspados, cada ayuda que reciben de la comunidad, sirve para comprar las medicinas, pomadas, vendas y alimentos especiales que su hija necesita para vivir. Para Verónica, cada esfuerzo vale la pena, porque ha aprendido que la vida puede ser frágil, pero la fuerza de una familia unida puede ser aún más grande.

Esta es la historia de Verónica y su hija: una lucha diaria marcada por el amor, la esperanza y la resiliencia, un recordatorio de que, incluso ante las dificultades más extremas, la vida puede abrir un espacio para la esperanza.




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