Fátima Paz/Liliana Jiménez – Morelia, Michoacán

Ante la realización de una “carnicería pública”, como parte de la celebración católica Corpus Christi, en Paracho, activistas y asociaciones animalistas condenaron la persistencia de delitos en contra de los animales, ante la inacción de autoridades locales.

Mediante un comunicado de prensa, alrededor de 50 asociaciones y activistas animalistas denunciaron que, dentro de la programación de Corpus Christi, este 7 de agosto, en Paracho, se encuentra el sacrificio en la plaza municipal de novillos y toros.

Esto, con el respaldo del ayuntamiento de Paracho, encabezado por Salvador Martínez Gutiérrez.

Expresaron que Paracho es actualmente el tercer municipio más violento en Michoacán contra los animales, con incidentes como el envenenamiento masivo de perros y gatos, ante la falta de respuesta de la autoridad municipal.

Los inconformes lanzaron un llamado a la Fiscalía General del Estado (FGE) a intervenir en este caso, debido a que se incumple con lo dispuesto en el código penal sobre el bienestar de los animales.

Entre las organizaciones firmantes, destacan Michoacán sin Tauromaquia, Asociación de Abogados Animalistas de México, el Comité Estatal Animalista de Michoacán y Generando Hogares de Amor para Animales Desprotegidos (Ghapad).

Pavel Martínez Diana, integrante de Michoacán Sin Tauromaquia, lamentó que en pleno siglo XXI continúen desarrollándose prácticas de esta naturaleza bajo el argumento de tradición.

Señaló que dichas justificaciones no solamente resultan falaces desde el punto de vista lógico, sino que además son anticonstitucionales, antiéticas y antibioéticas cuando se utilizan para justificar actos de violencia y sufrimiento contra seres vivos.

“Invitamos al Ayuntamiento de Paracho a dejar de lado estas prácticas que no solamente exhiben una pobreza en cuanto a sensibilidad por parte de sus autoridades, las cuales, en todo caso, tendrían que ser un modelo irrenunciable y un modelo de ejemplo para la ciudadanía en cuanto a bienestar animal”, indicó.

Martínez Diana cuestionó que, siendo Michoacán un Estado con una enorme riqueza cultural, Paracho opte por conservar prácticas que consideró crueles, desarraigadas de los avances alcanzados en materia de bienestar y protección animal.

Carlos Maya, integrante de la Asociación de Abogados Animalistas de México (ASAAM), lamentó que sean nuevamente los toros quienes terminen pagando el costo de tradiciones que calificó de absurdas y sostuvo que este tipo de actos no constituyen una expresión cultural validada por la norma.

“Es importante señalar que se ha hecho un llamado constante al Ayuntamiento de Paracho para que evite que las celebraciones como estas maltraten a los animales. Incluso ha sido señalado en diversos momentos por el envenenamiento masivo de perros y gatos en estas temporadas. Ahora insisten en este tipo de eventos, en donde termina con la vida de seres vivos ante cientos de personas, en una mal llamada celebración tradicional y, desafortunadamente, torturan hasta la muerte a un ser vivo”, lamentó.

El jurista sostuvo que estos eventos no cuentan con respaldo normativo y exhortó a la Fiscalía General del Estado (FGE) a investigar los hechos conforme al artículo 309 del Código Penal.

Además, anunció que las organizaciones promoverán recursos legales contra el Ayuntamiento de Paracho por la realización de dichas prácticas.

La bióloga Cristina Colin, integrante del Comité Estatal Animalista de Michoacán (CEAM), lamentó que un municipio considerado Pueblo Mágico incurra en lo que calificó como una “carnicería pública”, particularmente cuando mantiene los ojos de turistas nacionales e internacionales encima debido a su tradicional Feria de la Guitarra.

Esmeralda Cerda Pizano, presidenta de Generando Hogares de Amor para Animales Desprotegidos (GHAPAD), lamentó que un sector reducido de la población continúe defendiendo este tipo de supuestas tradiciones anacrónicas, cuando pueden ser sustituidas fácilmente por otras actividades que no impliquen lastimar a seres vivos.

La activista subrayó que ninguna tradición, costumbre o práctica cultural puede justificar actos de crueldad o sufrimiento innecesario contra un animal.