Fue en uno de sus recorridos pastorales cuando le llegó la muerte: el 14 de marzo de 1565, en Uruapan, Michoacán, tenía aproximadamente 95 años de edad

Dante B. Martínez Vázquez, colaborador La Voz de Michoacán

El pasado 14 de marzo se cumplieron 461 años del fallecimiento de don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, humanista de raíz erasmista y figura que transformó para siempre la vida de los pueblos michoacanos del siglo XVI.

Llegó a la Nueva España como oidor de la Segunda Audiencia en 1530 y, fascinado por la obra de Tomás Moro, intentó construir en tierras michoacanas una versión práctica de la Utopía: los famosos hospitales-pueblo de Santa Fe, donde los indígenas vivían, trabajaban y se educaban bajo principios de igualdad y comunidad o lo que posteriormente fue su proyecto más ambicioso que fue la ciudad de Pátzcuaro.

Fue consagrado obispo de Michoacán en 1538 y dedicó el resto de su existencia a recorrer su diócesis, que abarcaba territorios inmensos. Fue precisamente en uno de esos recorridos pastorales cuando le llegó la muerte: el 14 de marzo de 1565, en Uruapan, Michoacán, tenía aproximadamente 95 años de edad.

Al morir en Uruapan, su cuerpo fue trasladado a Pátzcuaro, ciudad que Quiroga había elegido como sede de su catedral y que consideraba el corazón espiritual de su obispado. Allí fue sepultado en la catedral provisional de Michoacán, lugar que él mismo había promovido y que guarda hasta el día de hoy la imagen de la Virgen de la Salud. La historia de sus restos da un giro complejo a finales del siglo XVI, cuando la sede del obispado fue definitivamente trasladada de Pátzcuaro a Valladolid (hoy Morelia) y sus restos mortales quedaron a disposición de los jesuitas llegados a Pátzcuaro en 1573, quienes los resguardaron en lo que se completaba el cambio de sede episcopal, en este proceso hubo intentos de que también los restos de Vasco de Quiroga se fueran a Valladolid.

Fue entonces que una vez consumado el traslado de la sede episcopal de Pátzcuaro a Valladolid, los restos de Vasco de Quiroga se pusieron en un nicho al lado del presbiterio, de modo que eran visibles desde el altar, y fueron tratados como reliquias, llegando a darse muestras de veneración por parte de los habitantes de Pátzcuaro.

En 1897, el entonces arzobispo Ignacio Árciga mandó a construir una cripta especial para el descanso de los restos, donde se hizo un inventario de qué huesos se preservaban. En 1903, el celebre médico Nicolás León Calderón realizó estudios de estos huesos, de cuyo estudio se realizó una publicación y se tomaron algunas fotografías que todavía subsisten. En 1940, en la capilla de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, se mandó a construir el mausoleo donde reposan en la actualidad los restos de Vasco de Quiroga y que es visitado por cientos de personas a lo largo del año. Cabe destacar, que en el 400 aniversario de su muerte, es decir en el año 1965, los huesos salieron del mausoleo para formar parte de una procesión en la ciudad de Pátzcuaro, junto a la figura de la Virgen de la Salud, esta fue la última vez que sus restos mortales dieron un recorrido por las calles de Pátzcuaro.

Dante Bernardo Martínez Vázquez, licenciado en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Licenciado en Historia por el Instituto de Estudios Universitarios y Maestro en Historia por la Facultad de Historia de la UMSNH. Ha formado parte de diversos proyectos de  investigacion nacionales e internacionales. Su obra incluye el estudio de los pueblos originarios de Michoacán en las épocas prehispánica y virreinal.